
- La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, proclamando y demostrando con sus acciones que el único credo al que estará sujeta su presidencia será el americanismo y no el globalismo, ha tenido un efecto inmediato sobre el sistema nervioso de las élites financieras, sus mariachis de Hollywood, sus oenegetas siempre ávidas de dinero y sus @#$%& mediáticas a uno y otro lado del Atlántico.
Lo mejor que podemos destacar de Donald Trump en el prólogo de su mandato es el mérito de tener tan rabiosamente en contra a tantos y tan grandes canallas. Que sus primeras órdenes ejecutivas coincidan con lo que prometió a los electores durante la campaña, no parece haber conturbado la sensibilidad democrática de los que se erigen hoy en paladines de la libertad. Hasta en ese punto, Donald Trump está resultando ser un presidente radicalmente transgresor. Que un mandatario cumpla lo que promete a su pueblo está resultando demasiado turbador para un sistema donde las decisiones y los acuerdos se establecen casi siempre a espaldas de lo que ese mismo pueblo, y no las élites, haya elegido.

