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domingo, 4 de octubre de 2015

Papa Francisco nombra Obispo a pedeasta chileno

Juan Carlos Cruz: "Juan Barros era el sicario
de Karadima"
El demandante de Fernando Karadima aseguró que el nuevo obispo de Osorno fue testigo de los abusos del sacerdote y era el amante del sacerdote.


Juan Carlos Cruz, demandante y una de las víctimas de los abusos sexuales del sacerdote Fernando Karadima, aseguró que el confirmado nuevo obispo de Osorno, Juan Barros Madrid, "era el sicario de Karadima".

En entrevista con Canal 24 Horas, Cruz, aseguró que quien asumirá este 21 de marzo elarzobispado de Osorno fue testigo presencial de los abusos sexuales que cometió el suspendido sacerdote.

Agregando que: "Juan Barros estaba parado ahí cuando Karadima nos abusaba. Juan Barros se besaba con Karadima. Ese el tipo de persona que va a estar al mando del Obispado de Osorno".

El demandante del sacerdote en retiro, expresó que nadie se explica cómo pasó esto, "desgraciadamente Chile tiene un nuncio prepotente, y otro llamado Ricardo Ezzati (...) Son una vergüenza de encubridores".

Cruz añade que no logra comprender por qué el Papa Francisco ratificó el nombramiento de Barros a la cabeza del arzobispado, aseverando que una fuente cercana habría conversado con el Sumo Pontífice y que éste, le habría dicho que conocía perfectamente el caso de Cruz.

"Aquí se maneja la iglesia como si estuviéramos en la época medieval", sentenció Juan Carlos Cruz.



Un video divulgado por una cadena chilena en la que el papa Francisco expresa su respaldo al obispo de la ciudad de Osorno, Juan Barros, cuestionado por su presunto encubrimiento de abusos sexuales cometidos por el sacerdote Fernando Karadima, causó polémica en Chile, informaron medios.

En el video, que según el canal de señal abierta Mega data del pasado 6 de mayo y corresponde a un diálogo en Roma con Jaime Coiro, entonces vocero de la Conferencia Episcopal de Chile (Cech), el pontífice defiende a Barros y afirma que los señalamientos en contra del sacerdote fueron "armadas" por los "zurdos" (...).

El pontífice asegura, asimismo, que "la única acusación que hubo contra ese obispo fue desacreditada por la corte judicial".




“Si la iglesia, Ezzati, Errázuriz y los obispos chilenos se defienden entre ellos no es raro que el Vaticano también lo haga. No es solo la iglesia chilena, es una cosa que viene de allá. El papa con esto se ha desenmascarado, insultar de esa forma es muy doloroso para la gente de Osorno, cuando él quería, además, mostrar la imagen de un papa bondadoso”, precisa el periodista y una de las víctimas de Karadima.


Juan Carlos Cruz, querellante en el caso de Karadima, sostuvo que le "parece lamentable el video y las declaraciones del papa, no sólo por el descrédito que le hace a las víctimas que están denunciando a Barros".

"Mucho más me duele como trata a la gente de Osorno, a nuestros compatriotas que son hombres y mujeres buenos, cuya vida gira en torno a sus parroquias y que han estado luchando justamente por tener un obispo que sea un pastor y no un encubridor", añadió Cruz.

En declaraciones a radio Cooperativa, Cruz afirmó que el papa con esto se ha "desenmascarado un poco", "insultando a una ciudad entera por un obispo que está poniendo católicos contra católicos y a osorninos contra osorninos".

"Me parece tremendamente triste", añadió.





Abogado Fernando Batlle y el filósofo José Andrés Murillo y el periodista Juan Carlos Cruz



martes, 25 de noviembre de 2014

Detenidos tres curas por abusos sexuales en Granada

“Querido santo padre: también cometieron abusos con un amigo mío”

En una operación que causó un enorme impacto en la Iglesia, la policía española detuvo ayer en la ciudad de Granada a tres sacerdotes y a un laico bajo la acusación de haber integrado un grupo de pederastas que actuaba con la lógica de una secta y que cometió abusos durante años.

La investigación partió del relato de un joven de 24 años que había denunciado por carta al papa Francisco las vejaciones a las que fue sometido en su adolescencia. En agosto el Pontífice lo llamó por teléfono, conmovido, y lo alentó a impulsar una causa judicial.

Los cuatro arrestados por orden del juez Antonio Moreno eran miembros del denominado clan de los Romanones, una cofradía de párrocos y seglares a los que se vincula con crímenes sexuales cometidos contra menores que captaban como monaguillos en una iglesia de Granada. Disponían de chalets en la playa y casas de lujo en la montaña, donde organizaban orgías entre ellos y llevaban a sus víctimas, según consta en el expediente penal.

El denunciante -a quien se identifica por su nombre de pila, Daniel- es actualmente supernumerario del Opus Dei. Trazó un relato escalofriante en la carta que le envió al Papa y que el diario El País reprodujo ayer en exclusiva.

Contó que había empezado a ir a los siete años a la iglesia San Juan María Viannei, en Granada, donde hizo el catequismo y tomó la comunión. Allí conoció al padre Román, el párroco, uno de los detenidos ayer y supuesto cabecilla del clan.


Padre Roman Martínez

Con el tiempo esa relación derivó en invitaciones a una casa particular en el barrio del Zaidín, en donde se reunían en secreto otros sacerdotes y laicos. Se exhibían desnudos, le hablaban de sexo y lo alentaban a practicarlo, "porque el amor es libre y eleva el espíritu".

"Hasta los 16 años mantuve un compromiso estable con la parroquia (?) pero de ir sólo a misa, también empecé a visitar con frecuencia la casa parroquial -escribió en el texto que mandó al Vaticano-. Allí pasaba fines de semana completos: estudiaba, estaba con ellos. Román me convenció de que si existía la posibilidad de que yo tuviese vocación, debía participar mucho más de la vida entre ellos e ir dejando poco a poco a mi familia. (?) Siguiendo sus consejos, dejé la casa de mis padres con 17 años y me fui a vivir a la casa parroquial con él y dos laicos."

Agrega que tenía que dormir en la misma cama que el párroco y que los domingos lo llevaban a distintos domicilios particulares (que, según la justicia, dos de los miembros del grupo habían recibido como herencia de una farmacéutica sin descendencia).

"Las prácticas sexuales más frecuentes iban desde masajes hasta masturbaciones y besos en la boca", contó Daniel a Francisco. Dijo que hasta nueve sacerdotes y tres laicos participaban de las orgías: "Durante aquel tiempo sentí que me volvía loco: siempre me habían gustado las mujeres y me encontré que estaba viviendo una sexualidad entre hombres que además eran sacerdotes que se supone que debían vivir bajo los principios de la castidad y el celibato apostólico".

Daniel dejó la parroquia en 2008, pero todavía sufre un trastorno de "ansiedad generalizada". En su denuncia, sostiene que le consta que se cometieron abusos contra "al menos" otros cuatro menores.

"Querido Santo Padre, este tema es de una gravedad considerable. Desde que me fui, con 18 años, y hasta ahora, que tengo 24, jamás pensé que informaría de esto a nadie, pero me preocupa que estas prácticas se estén haciendo también con una amiga mía -escribió-. Sé que esta carta puede ser motivo de escándalo. No busco nada para mí, pero sí me preocupa que estos señores puedan estar arruinando la vida de otros jóvenes." El Papa lo llamó en agosto por teléfono, le pidió disculpas en nombre de la Iglesia y lo alentó a denunciar el caso. Volvió a comunicarse con él después de comprobar que la Archidiócesis de Granada no había avanzado lo suficiente para desenmascarar a los sospechosos.

Este mes el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, finalmente separó de sus funciones a los tres sacerdotes involucrados de manera directa en la denuncia de abusos a menores, pero no así a los otros seis señalados como presuntos partícipes de las orgías.

El principal implicado, el padre Román, tiene 61 años y quedó incomunicado en una dependencia granadina de la Policía Nacional. Se mantuvieron en reserva los nombres completos de los detenidos, aunque sí trascendió que se acumulan en el expediente decenas de testimonios y pruebas comprometedoras




Lo que nunca imaginó el remitente es que el propio Papa le iba a telefonear a su móvil para pedirle perdón “en nombre de la Iglesia de Cristo”, expresarle su solidaridad ante el “sufrimiento” que había vivido durante su adolescencia como monaguillo de una parroquia de Granada, san Juan María de Viannei, y asegurarle que se iban a depurar responsabilidades. Cuando la víctima, dentro de su coche, estaba detenido en un semáforo a las 17.23 horas del 10 de agosto, al otro lado de un teléfono de número desconocido alguien dijo: “¿Hablo con el señor…?” “Sí, soy yo, ¿quién llama?” “Buenas tardes, hijo, soy el padre Jorge”. “No conozco a ningún padre Jorge”, respondió el conductor, de pelo rubio y ojos claros. El papa se llama Jorge Mario Bergoglio. “Hijo, serénate, soy el papa Francisco”. El joven se quedó helado. Fue cuando el Papa le pidió disculpas, entre otras cosas, “por este gravísimo pecado y gravísimo delito”, dijo.

Francisco había leído su carta, cuyo contenido es sobrecogedor y que ha destapado el caso de un sospechoso y nutrido grupo de sacerdotes de Granada, muy amigos entre sí, que captaban a monaguillos para la parroquia con el pretexto de infundirles una vocación religiosa pero que, en realidad, escondían un submundo de prácticas sexuales desenfrenadas no exentas de orgías y masturbaciones colectivas. Pero con menores de por medio. Un juez de Granada ha abierto diligencias, que están bajo secreto, por agresiones sexuales continuadas en el tiempo.



La carta

“Las prácticas sexuales más frecuentes iban desde masajes a masturbaciones y besos en la boca”, cuenta el joven a Francisco. Él las mantuvo con al menos tres de los sacerdotes y un seglar, cuyos nombres concreta en su carta al Papa. En la que, “por vergüenza”, según fuentes de su entorno, apenas entra en detalles (luego ante la policía sí los dio, y de ellos se desprenden graves delitos de agresión sexual a un menor, ya que los investigadores sostienen que en estos juegos sexuales, y dada la condición de minoría de edad del denunciante, existía una situación de abuso de autoridad de los curas fruto de la dependencia creada). “Al resto de sacerdotes no los vi participar, pero sí que estaban informados de lo que se hacía en la habitación de este hombre”. Se refiere a R., principal urdidor de las actividades sexuales, en las que, supuestamente, también pudieron intervenir chicas. Alude a dos que él conoce, pero no lo afirma con rotundidad.

“Durante aquel tiempo sentí que me volvía loco: siempre me habían gustado las mujeres y me encontré que estaba viviendo una sexualidad entre hombres que además eran sacerdotes que se supone que debían vivir bajo los principios de la castidad y el celibato apostólico”.

“Querido santo padre”, continúa el denunciante, “hoy soy profesor (…), pero por culpa de este sacerdote he desarrollado un trastorno de ansiedad generalizado (…) Al terminar la selectividad en el año 2008 dejé la parroquia y la relación con R. (…) Me consta que también cometieron abusos con un amigo mío, pero se marchó al ver lo que sucedía allí. Vio la luz y pudo escapar de todo eso. Querido santo padre, este tema es de una gravedad considerable. Desde que me fui con 18 años y hasta ahora que tengo 24, jamás pensé que informaría de esto a nadie, pero me preocupa que estas prácticas se estén haciendo también con una amiga mía (…) Sé que esta carta puede ser motivo de escándalo. No busco nada para mí, pero sí me preocupa que estos señores puedan estar arruinando la vida de otros jóvenes. Mil veces he deseado contarlo todo a mis padres… pero no lo he contado a nadie. He llevado este asunto con absoluta prudencia para no desgastar a la Iglesia y a tantos ministros que hacen tanto bien a las almas. (…) Querido santo padre, entiendo que es inaceptable que estas personas puedan estar haciendo daño a niños y niñas… Le ruego que no permanezca impasible ante esto (…) Jamás he querido llevarlo a los tribunales, pero estoy dispuesto a hacerlo si es necesario”.


LOS ROMANONES

Padre Roman Martinez actualmente
Los cuatro detenidos son tres curas y el hermano de un religioso, que trabaja como profesor de Religión. Todos forman parte de un grupo integrado por una decena de sacerdotes y un par de seglares de Granada, muy unidos entre ellos, al que se ha bautizado como el clan de los Romanones. El apodo viene por el nombre del que está considerado el cabecilla del grupo, el sacerdote Román Martínez, de 60 años, y que hasta el mes pasado era el titular de la parroquia de San Juan María Vianney, en el barrio del Zaidín. 

Francisco José Campos (izquierda) recibe un cuadro
Otro de los detenidos es el sacerdote Francisco José Campos Martínez, de 44 años, y juez del Tribunal Diocesano, que se encargaba de tramitar nulidades y divorcios en la curia granadina.

 El tercer cura detenido es Manuel Morales Morales, de 42 años, muy conocido en el barrio del Zaidín, donde reside su familia, y que estaba al frente de la parroquia de la localidad de Órgiva. 

El cuarto arrestado es Sergio Quintana, hermano del sacerdote Manuel Quintana y profesor de Religión.

Las detenciones se realizaron a primera hora de la mañana, ordenadas por el titular del Juzgado número 4 de Granada, Antonio Moreno Marín. Tras pasar varias horas, en celdas separadas, en la comisaría de la policía, los detenidos fueron trasladados a un chaletpropiedad de Román Martínez, situado en la pedanía de Los Pinillos, a pocos kilómetros de la capital. Esa casa, muy austera por dentro, la heredó el cura al morir su padre. Los Romanones celebraban en esa propiedad muchas reuniones, «ejercicios espirituales» según sus seguidores.



El abogado del denunciante manda esta carta a Religión Digital.



1ª.- El denunciante, libre y voluntariamente, siguiendo los dictados de su propia conciencia, como bautizado y miembro de la Iglesia Católica, decidió, por propia y exclusiva voluntad, informar por escrito al Santo Padre Francisco sobre los abusos sexuales reiterados de los que había sido víctima, siendo menor de edad, por un grupo de sacerdotes y por un seglar, todos ellos de la archidiócesis de Granada, hechos conocidos por otros sacerdotes y algún integrante más del mismo grupo.

La intención del denunciante cuando se dirigió por escrito al Santo Padre Francisco fue la de seguir su propia conciencia y libertad responsable, sin ánimo de causar daño alguno a la Iglesia, a la que quiere profundamente, pues su única motivación fue y es la de expresarle, tras un difícil proceso interior, los hechos delictivos de los que, según él, había sido víctima siendo menor de edad por parte de esas personas y encubiertos por otros conocedores de los mismos y también con el ánimo de evitar que se pudieran estar cometiendo con otras personas.

2ª.- Los hechos denunciados están siendo investigados tanto por la Autoridad Judicial como por la Santa Sede Apostólica, cada cual en su esfera de competencias, reservadamente, y con respeto tanto a los derechos del denunciante como a los de los denunciados o imputados. En dichas Autoridades y en el Ministerio Fiscal, que ha sido el eficaz impulsor de la denuncia ante los Tribunales, tiene puesta toda su confianza el denunciante a fin de que resplandezca la verdad y se depuren las responsabilidades correspondientes, de forma también que se eviten a otras personas sufrimientos, como los padecidos por el denunciante, y para que se repare el daño causado y en bien de la Iglesia y de toda la sociedad, pues esa es su obligación también como ciudadano.

3ª.- Pide el denunciante a los medios de comunicación que, aun apreciando mucho su tarea, respeten su derecho a la intimidad, en particular en cuanto a la difusión de sus datos de carácter personal, que están especialmente protegidos, y que cese también la difusión de otros datos que le atañen personalmente, en concreto el texto remitido al Santo Padre Francisco, cuyo empleo y divulgación no ha autorizado. Tales documentos están especialmente protegidos tanto por el Juzgado que instruye las diligencias como por la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede.-

4ª.- Por último, quiere agradecer públicamente al Santo Padre Francisco su apoyo y afecto, ofrecerle su oración diaria por él; a la Iglesia española, su voluntad decidida de atajar de plano hechos como los que por desgracia a él le ha tocado vivir así como su colaboración con la Justicia ordinaria; y a la Policía, Fiscalía y al Juzgado su trabajo, dedicación, independencia y profesionalidad, que ha tenido ocasión de constatar con motivo de la denuncia de estos muy dolorosos hechos, pidiendo, además, que se respete el secreto de las actuaciones decretado judicialmente, que no se puede vulnerar, como es públicamente conocido.



domingo, 17 de marzo de 2013

FRANCISCO CONTRA LOS PEDEASTAS


Francisco, contra el encubridor de pederastas


                 El cardenal Law (dcha.), junto al que fuera papable Scola, estos días en la Basílica de San Pedro. | Afp 

Los miles y miles de abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes que han salido a la luz en los últimos años representan sin duda alguna el más grave problema que encara la Iglesia Católica. Pues bien: en las primeras horas de su Pontificado, el Papa Francisco está haciendo gala de una actitud completamente nueva a la hora de afrontar la pederastia.

La demostración tuvo lugar ayer, en la visita que a primera hora de la mañana el nuevo Papa realizó a la Basílica de Santa María la Mayor en Roma. En esa Basílica tiene su residencia un cardenal estadounidense de 82 años llamado Bernard Law, acusado de haber encubierto a unos 250 curas pederastas entre 1984 y 2002, el periodo en que fue arzobispo de la diócesis de Boston. Según SNAP, una organización de víctimas sexuales de sacerdotes, el cardenal Law no hizo nada para evitar más de 5.000 casos de abusos.

Law estaba a punto de recibir la citación judicial para responder ante los tribunales estadounidenses de sus actos cuando en diciembre de 2002, poco después de verse obligado a dimitir como arzobispo de Boston en medio del escándalo, abandonó Estados Unidos y se trasladó a Roma. Un movimiento que muchos consideraron como una jugada del Vaticano para protegerle de los jueces estadounidenses y evitar de ese modo que tuviera que sentarse en el banquillo de los acusados de su país a rendir cuentas de sus actos.

En 2004, el Papa Juan Pablo II nombró al cardenal Law arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor. Ha desempeñado ese cargo hasta noviembre de 2011, cuando fue sustituido por el cardenal español Santos Abril y Castelló. Pero Law continúa viviendo en la Basílica de Santa María la Mayor. Y ayer por la mañana, cuando el Papa Francisco acudió a las 8.00 horas a ese templo para rezar ante una imagen de la Virgen, se dio de bruces con él.

"El cardenal Law había sido informado de la llegada del Papa y quiso estar presente en ese momento", indicaba ayer Federico Lombardi, el portavoz vaticano.

Pero al ver al cardenal Law, a Francisco se le desencajó la cara y se alejó inmediatamente de él. "No quiero que siga frecuentando esta Basílica", aseguró, según la reconstrucción de los sucedido que hoy publica el diario italiano 'Il Fatto Quotidiano'.

El periódico sostiene que Francisco podría estar decidido a obligar al cardenal Law a entrar en un convento de clausura y a cumplir con el retiro espiritual que se anunció que llevaría a cabo cuando fue obligado a dimitir como arzobispo de Boston en medio de las acusaciones de haber encubierto a curas pederastas y que nunca ha llevado a cabo. De hecho, Law participó en las celebraciones de los funerales de Juan Pablo II y en el Cónclave en el que hace ocho años fue designado Papa Benedicto XVI. Si en el reciente Cónclave no ha tomado parte, es sólo porque ha superado los 80 años.



                    Papa saca de basílica a cardenal encubridor de pedófilos 

En una ocasión, el cardenal Law trasladó al ex sacerdote John Geoghan, que ahora está en la cárcel por abusar sexualmente de un niño de 11 años, de parroquia en parroquia, a pesar de los alegatos que decían que Geoghan había abusado de niños.

Además, según unos documentos revelados a principios de este mes, Law estaba al corriente de los abusos sexuales a menores cometidos por el reverendo Paul Shanley, pero en lugar de apartarlo del sacerdocio o expulsarlo, l la iglesia en Estados Unidos, ya que ha servido de líder espiritual de la influyente comunidad católica de Boston desde 1984.

El cardenal supervisa 362 parroquias que sirven a más de dos millones de feligreses. En 1985, el Papa Juan Pablo II le ordenó cardenal, convirtiéndose así en uno de los trece individuos que sostienen ese cargo en Estados Unidos.