lunes, 1 de octubre de 2012

ARGENTINA AHORA "NUEVA MEJOR AMIGA" DE IRAN

El AJC acusa al Hezbollah de los atentados de Buenos Aires a pesar del fallo de la Corte Suprema argentina



El 13 de julio de 2006, es decir, el día en que Israel lanzó su ofensiva contra el Líbano, informamos a nuestros lectores que el American Jewish Committee (AJC) presionaba a magistrados argentinos para reescribir la historia de los atentados de Buenos Aires («Washington pretende rescribir la historia de los atentados de Buenos Aires», por Thierry Meyssan,Voltaire, 13 de julio de 2006). Se trataba de echar atrás el fallo de la Corte Suprema que alejaba la pista del Hezbollah en la destrucción de la embajada de Israel y del Centro de la Comunidad Judía en 1992 y 1994.
Aunque tras la queja del grupo del Doctor Oscar Abdura Bini contra el AJC para presionar a la justicia el caso haya sido archivado, el AJC actúa como si su versión hubiera sido la definitiva.
El 14 de agosto de 2006, el American Jewish Comitee lanzará una campaña de spots durante dos semanas en CNN y Fox News para acusar al Hezbollah de no ser el partido de la resistencia libanesa, sino una organización terrorista internacional y por lo tanto representar un peligro para los Estados Unidos. El AJC basa su razonamiento en la imputación mentirosa contra el Hezbollah de los atentados de Buenos Aires.
Con el fin de dar peso a sus acusaciones 
contra el «la media luna chiíta» (Irán, Siria, Hezbollah libanés),Washington ha decido incluir en ellas los atentados cometidos en Buenos Aires a principios de los años 90. En los países atlantistas [1] se da generalmente por sentado que aquellos atentados fueron obra de terroristas musulmanes.

Esa versión de los hechos fue sin embargo desmentida desde entonces por la Corte Suprema argentina que se orientó, por el contrario, hacia una pista israelí. Los neoconservadores han reaccionado con el montaje de toda una operación para invertir las cosas. Luego de una reunión que tuvo lugar en Washington, en mayo de 2006, con la participación de dos altos magistrados de Buenos Aires, el gobierno y la justicia han sido objeto de fuertes presiones. En respuesta, un grupo de ciudadanos argentinos dirigido por el doctor Oscar Abdura Bini [2] acaba de presentar ante un Tribunal de Gran Instancia de Buenos Aires una querella por obstrucción a la justicia contra el American Jewish Committee [3] y los fiscales Nissman y Martínez Burgos.

Para entender las implicaciones de esta polémica es necesario recordar los atentados.

El 17 de marzo de 1992 una violenta explosión destruyó la embajada de Israel en Buenos Aires y ocasionó graves daños a una iglesia católica y una escuela adyacentes. 29 personas murieron y 242 resultaron heridas.

Al principio, la investigación se orientó hacia la pista islámica. Se pensaba que el atentado había sido cometido por un suicida palestino que conducía una camioneta llena de explosivos, que el autor era miembro de la Jihad Islámica y que quería vengar el asesinato cometido por Israel contra el jeque Abbas al-Musawi, jefe del Hezbollah libanés, y su familia. Según aquella versión, la operación de Buenos Aires había sido preparada por un grupo de pakistaníes y coordinada por Moshen Rabbani, el encargado cultural de la embajada de Irán. Este último fue incluso arrestado, años más tarde, en Alemania y liberado posteriormente por falta de pruebas.

El 18 de julio de 1994, otra explosión devastó en Buenos Aires el edificio de la Asociación Mutual Israelita (AMIA) con saldo de 85 muertos y más de 300 heridos.

La investigación sobre este nuevo atentado también se orientó hacia la pista islámica. El atentado se atribuyó a un kamikaze de 29 años, llamado Ibrahim Husein Berro, al volante de un vehículo lleno de explosivos. Años después, se emitió una orden de arresto contra Imad Mugniyah, miembro del Hezbollah libanés. Más tarde, el ex embajador de Irán en Argentina, Hade Soleimanpur, fue arrestado en el Reino Unido pero tuvo que ser liberado por falta de pruebas.

Todos estos elementos, que parecen ser conclusiones definitivas, aparecen reflejados desde hace años en todo tipo de enciclopedias, aunque nada los confirma. Lo más interesante es que con el paso del tiempo los propios investigadores argentinos han echado abajo las versiones que israelíes y estadounidenses les sugirieron y han construido una hipótesis totalmente contraria: los dos atentados fueron cometidos por agentes israelíes para contrarrestar el antisionismo de la comunidad judía argentina.

Es necesario situar las vacilaciones de los investigadores argentinos en el agitado contexto político de su propio país, constantemente estremecido por cambios de gobiernos e insurrecciones. Hasta la fecha no se ha presentado ningún juicio definitivo sobre ninguno de los dos atentados, lo cual permite que cada cual saque las conclusiones que más le convienen en base a momentos contradictorios de todo el proceso. 
Como quiera que sea, lo menos que se puede decir al respecto es que la pista del terrorismo musulmán resulta ya inconsistente y que los neoconservadores están haciendo todo lo posible para enterrar definitivamente la investigación.

El 5 de marzo de 2002, el juez de 
instrucción Alfredo Horacio Bisordio compareció a puertas cerradas ante una comisión investigadora parlamentaria para declarar como testigo sobre el primer atentado. La Red Voltaire obtuvo la transcripción de esa audiencia.

Según el juez Bisordi, el comisario Meni Battaglia dirigió la investigación sobre el atentado contra la embajada. En ella era secundado, aunque de manera no oficial, por un boina verde (no identificado) de la embajada de Estados Unidos y por el jefe de la seguridad de la embajada de Israel, Ronie Gornie. Supuestamente, ambos tenían gran experiencia sobre la realización de ese tipo de atentados en el Medio Oriente. Siguiendo los consejos de ambos «expertos», el comisario adoptó inmediatamente la hipótesis del vehículo lleno de explosivos y reportó que había encontrado fragmentos del motor de una camioneta Ford 100.

Resultó imposible establecer una lista exacta de víctimas ya que resultó que la lista de diplomáticos israelíes acreditados en Argentina no correspondía con el personal real de la embajada, diferencia que nunca se explicó. El juez Bisordi quería que se realizaran autopsias de las víctimas pero el comisario Battaglia se opuso afirmando que las autopsias no aportarían nuevos elementos. Ante la insistencia del juez, el gran rabino de Argentina también se opuso a las autopsias porque, en el caso de las víctimas judías, se trataría de una profanación. En definitiva, no se realizó ninguna autopsia.

El juez planteaba dos interrogantes: ¿Por qué los autores esperaron que la embajada estuviera vacía para realizar el atentado si un centenar de personalidades judías habían sido recibidas horas antes con bombo y platillo en ese mismo recinto? ¿Por qué recurrieron a un kamikaze para lanzar la camioneta contra la embajada siendo esto absolutamente innecesario? 
Al hacerse cada vez más manifiesto su escepticismo sobre la versión que trataban de imponerle, el juez recibió una visita del director adjunto de los servicios secretos argentinos (SIDE), el doctor Gerardo Conte Grand. La misión de este último era hacerlo entrar en razones.

Al ir en aumento sus sospechas, el juez se presento de improviso en la comisaría durante el interrogatorio de un testigo clave, un chofer de taxi que testimonió haber acompañado al aeropuerto, justo antes del atentado, a un grupo de musulmanes que le dijeron que había que salir rápidamente del lugar antes que se transformara en un infierno. El juez Bisordi interrogó personalmente al testigo. Creyendo que se encontraba ante alguien tan complaciente como los policías, el chofer de taxi se negó a identificarse y se presentó como «el hombre de Israel». Llegó incluso a decir que era coronel del ejército israelí y que había participado en la Guerra de los Seis Días.

Los elementos relacionados con la segunda investigación son tan reveladores como los ya citados e incluyen hasta un verdadero falso policía israelí que se pasea como Pedro por su casa por las comisarías y prisiones argentinas, realizando interrogatorios fuera de todo procedimiento y presionando a los testigos. Este individuo desapareció cuando la justicia argentina le pidió explicaciones sobre su proceder. El gobierno israelí, que empezó por negar la existencia de este individuo, acabó reconociendo que lo había empleado y se negó a que prestara declaración.

La Corte Suprema de Argentina se reunió a puertas cerradas para examinar diferentes elementos del caso de los atentados. Este órgano validó investigaciones científicas que establecen formalmente que, contrariamente a lo que se admitió al principio, no hubo ningún coche-bomba conducido por kamikazes sino que los explosivos habían sido instalados dentro de los edificios volados, tanto dentro de la embajada de Israel como en la sede de la AMIA. 
Por consiguiente, se invalidó todo lo que se había dicho al principio sobre el origen de los vehículos. 
Al día siguiente de esa audiencia, el vocero de la embajada de Israel en Buenos Aires deploró esas conclusiones y acusó a los jueces de la Corte Suprema de antisemitismo.

Para aclarar estos atentados la justicia argentina necesitará aún mucha independencia y perseverancia, lo cual suscita ciertos comentarios.

Resulta extraño que se necesite una decena de años para comprobar que un atentado se realizó poniendo el explosivo dentro de un edificio y no mediante la utilización de un coche-bomba conducido por un kamikaze. Se hace necesario señalar de paso que en la actual investigación sobre el asesinato del primer ministro libanés Rafia Hariri la tesis del coche-bomba, considerada como cierta por el enviado especial de la ONU Detlev Mehlis, no constituye actualmente más que una hipótesis de trabajo para el sucesor de este último.

Durante 14 años, numerosos expertos occidentales han redactado obras sobre el terrorismo basándose en una interpretación errónea de los atentados de Buenos Aires. Los autores de estas obras ignoran o fingen ignorar los progresos de la investigación argentina, lo cual es síntoma de incompetencia o de mala fe. Se aferran así a las conclusiones de sus razonamientos aunque sus premisas sean falsas.

Resultar doloroso comprobar que aunque las investigaciones judiciales sobre los grandes atentados terroristas imputados a musulmanes, ya sea en Buenos Aires, New York, Bali, Casablanca, Madrid o en Londres, siguen sin ofrecer resultados concretos ello no impide en lo más mínimo a los gobiernos neoconservadores y sus «expertos» seguir imponiéndonos sus conclusiones generales.

Estados Unidos acostumbra a modificar con carácter retrospectivo la identidad de aquellos a quienes atribuye la autoría los atentados realizados en ese país, con lo que busca siempre acusar a su adversario real o inventado del momento. Y ahora pretende rescribir la historia incluso fuera de su propio territorio.

También es importante mantener la vigilancia con respecto a los guerreristas que explotan descaradamente los atentados de Buenos Aires a favor de sus propios intentos de calificar tal o mas cual partido o gobierno de «terroristas» y que llaman a destruirlos.


La nómina de iraníes acusados por el atentado a la Amia

En octubre de 2006, al responsabilizar directamente al gobierno de Irán por el atentado terrorista que demolió la sede de la AMIA en 1994, los fiscales argentinos que investigaban el ataque pidieron la captura internacional de siete ex funcionarios iraníes, entre ellos un ex presidente de ese país, dos ex ministros y dos ex diplomáticos que estuvieron destinados en la embajada argentina.
 Entre ellos figuran Ahmah Vahidi, actual ministro de Defensa de Irán, quien está imputado como coautor ideológico del atentado. El año pasado estuvo en Bolivia y se reunió con el presidente Evo Morales en una visita que levantó polvareda.

Otro de los señalados es Mohsen Rabbani, ex consejero de la embajada iraní y quien vivió en la Argentina durante 14 años. Fue acusado de ser el cerebro del ataque. Interpol lo considera un criminal de alta peligrosidad.
También está Ali Akbar Ashemi, ex presidente iraní, acusado de dar instrucciones a Hezbollah de llevar a cabo el ataque. Estuvo en el cargo desde 1989 a 1997. En la nómina figura además Ali Fallahijan, ex ministro de Inteligencia al momento del atentado. Fue considerado como autor intelectual del ataque; y Ali Akbar Volayali, ex canciller iraní, quien tiene captura internacional como autor ideológico del atentado.
La acusación de la Justicia argentina también alcanza a Mohsen Rezai, ex jede de la Guardia Revolucionaria. Fue imputado de haber organizado el atentado. Uno de sus hijos declaró en su contra en Estados Unidos, pero después se desdijo.
Otro de los imputados es Ahnmad Reza Ashgari o Mohsen Randjbaran, tercer secretario de la embajada iraní en Buenos Aires. Se lo acusa de haber liderado el operativo para el que usó una identidad falsa.
En agosto de 2003, luego de que el gobierno pidiera a Gran Bretaña la extradición del ex embajador iraní Hadi Soleimanpour, acusado de participar en el atentado, el funcionario fue detenido en la ciudad de Durham, pero la Justicia de ese país no otorgó la extradición.

Crece la desconfianza en EE.UU. por la negociación abierta con Irán

En Washington temen que la Argentina abandone su lucha contra el plan nuclear de Ahmadinejad; prevén que crecerá la presión contra el país en el Congreso norteamericano

 Una ola de perplejidad se instaló en esta ciudad ante la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de abrir negociaciones con el gobierno de Irán, en un paso llamado a tener impacto tanto en la percepción del país en la región como en el vínculo con los Estados Unidos.
"Lo que le faltaba a la Argentina es acercarse a un paria en una negociación de cuyo resultado existen enormes dudas", escuchó LA NACION de una fuente familiarizada en la relación bilateral.
Tal como se informó en la edición de ayer, el gobierno de Barack Obama ve con desconfianza ese acercamiento. "Las relaciones con Irán nunca son benignas", dijo la responsable para la región en el Departamento de Estado, Roberta Jacobson.
Estados Unidos sospecha de que Irán prepara armas nucleares. Hasta ahora, la sintonía con la Argentina para presionar a Teherán en ese punto fue, tal vez, el principal pilar de un vínculo bilateral difícil. Ahora, eso no está tan claro.
"Esperamos que la Argentina siga cumpliendo sus relaciones bilaterales en cuanto a las sanciones a Irán", deslizó, también desde el Departamento de Estado, su subsecretario para Asuntos Públicos, Michael Hammer. Hasta hace pocas horas, esa expresión hubiese sonado vacía.
El anuncio de las conversaciones con Irán había alterado ya el escenario. Para cuando habló Hammer, la prensa norteamericana advertía de otro giro en la diplomacia argentina, orientado a "defender" el programa nuclear de Irán, en una posición "coincidente" con el gobierno del venezolano Hugo Chávez, según sostuvieron las cadenas ABC y CBS.
"El viernes [luego de entrevistarse con el canciller iraní] Timerman defendió el plan nuclear iraní, sumándose a Venezuela en su apoyo al gobierno de Teherán" del que se sospecha que está "tratando de construir armas atómicas, en violación a acuerdos internacionales", indicaron.
Aludieron, de ese modo, a la intervención del jefe de la diplomacia en la reunión sobre seguridad nuclear que sigue a la habitual Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU).
Desde hace más de un año, existe en medios políticos de esta ciudad la sospecha de que la Argentina preparaba un acercamiento con Irán con la investigación del brutal atentado a la mutual israelita (AMIA) como trasfondo.
"Sabemos que hay discusiones entre los gobiernos de Irán y de la Argentina. Dónde y por qué ocurren esas discusiones es algo que yo no conozco, pero es una cuestión que estamos observando", dijo, meses atrás, el titular del Comando Sur norteamericano, el general Douglas Fraser.
Fue en respuesta al pedido de legisladores demócratas, inquietos sobre la posibilidad de un giro en ese sentido y del potencial impacto en la seguridad de la región. Desde la oposición, la republicana Ileana Ros Lehtinen viene advirtiendo hace meses al respecto.
En 2006, la Justicia argentina acusó formalmente al gobierno iraní de haber participado en la planificación del atentado contra la mutual judía AMIA, cuyo estallido causó la muerte de 85 personas. Fue en julio de 1994 y selló el peor ataque terrorista en suelo argentino.
"La verdad, estoy asombrado por este giro de Cristina Kirchner de dialogar con quienes acusa de asesinos", dijo el analista político Moisés Naím. "La Argentina no hace más que sorprendernos con medidas provocativas cuyo objetivo y real beneficio para una sociedad desconcertada no quedan claros", añadió.
En medios diplomáticos regionales basados en esta ciudad el desconcierto era similar. "Habrá muchas explicaciones de esto en los próximos días y mucho ruido alrededor", fue el pronóstico casi unánime.

UNA SEMANA AGITADA

  • Martes 
    La Presidenta anunció que aceptaba dialogar con Irán sobre la forma de enjuiciar a los acusados del atentado contra la AMIA
  • Jueves 
    El canciller Timerman se reunió con su par de Irán y acordaron empezar un proceso de negociación en Ginebra, Suiza, el mes que empieza
  • Viernes 
    Israel expresó su "gran desilusión" por la decisión argentina. Y EE.UU. opinó que dialogar con Irán no es algo "benigno"
 Rechaza comunidad judía diálogo Argentina-Irán

La comunidad judía en Argentina ratificó hoy su rechazo al diálogo que el gobierno iniciará con Irán para aclarar el atentado de 1994 a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), donde murieron 85 personas.
El presidente de la AMIA, Guillermo Borger, advirtió este lunes a periodistas: "no podemos creer que sea confiable esta propuesta de acercamiento" planteada por Irán, que "es un país teocrático y negacionista".
Agregó que la iniciativa iraní "es muy incoherente porque Irán no sólo participó en el atentado contra la AMIA y en el ataque que, dos años antes, sufrió la embajada de Israel en Buenos Aires".
"Acá estamos hablando de un país que está sospechado de la muerte de 85 personas. Si ellos están seguros de su inocencia y dan confianza ante la Argentina, ¿qué mejor que presentarse ante la justicia?", cuestionó.
La semana pasada, la presidenta argentina Cristina Fernández anunció durante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, la aceptación del diálogo propuesto por Irán.
"Recibimos un pedido de reunión bilateral sobre este tema. Mi país ha decidido instruir a nuestro canciller para que tenga lugar aquí, en la ONU. Espero resultados de esa reunión, que Irán quiera cooperar", dijo la mandataria.
Esta decisión representó un giro radical en uno de los temas más sensibles de la política exterior argentina, ya que la posición era rechazar un acercamiento mientras el gobierno iraní se continuara negando a extraditar a exfuncionarios implicados en el ataque.
El representante de los familiares de las víctimas, Sergio Burstein, reconoció que no tiene ninguna esperanza que la cita entre el canciller argentino Héctor Timerman y su par iraní, Ali Akbar Salehi, ayude a aclarar la responsabilidad de ciudadanos de ese país.
Señaló, sin embargo, que por lo menos se sabrá qué es lo que tiene Irán para decir y que lo peor que podrían hacer es no escuchar una posición en la que ese país definirá hasta dónde quiere llegar, "a quién entrega y dónde quiere que sea juzgado".

POR ESTA RAZON CAPRILES ES EL CAMINO

HAY UN CAMINO......
                                        

HONOR Y GLORIA PARA EL ALMIRANTE BUSSER DE ARGENTINA!

EFE DE LA OPERACIÓN ROSARIO, EN MALVINAS

Murió el almirante Busser

A causa de un infarto de miocardio falleció bajo arresto domiciliario el almirante Carlos Busser, quien fue el jefe de la Operación Rosario, el desembarco argentino en Malvinas en 1982.
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Carlos Alberto César Büsser había nacido en Rosario, Provincia de Santa Fe, el 10/01/1928.
De muy joven se incorporó a la Armada Argentina en la Escuela Naval Militar, integrándose a la Infantería de Marina, en 1947, egresando en 1951.
 
Büsser fue secretario personal del entonces almirante Emilio Massera, durante el gobierno constitucional de Juan Perón y de María Estelma Martínez de Perón, antes del golpe de Estado de 1976.
 
Luego del golpe, él fue subsecretario operativo de la Secretaría de Información Pública. 
 
Pero en 1977 fue desginado jefe de la Fuerza de Tareas 2 que actuó en la zona de Bahía Blanca.
 
En 1982, con la jerarquía de contraalmirante, estuvo a cargo de la Operación Rosario en la cual el 3° Batallón de Infantería de Marina que se encontraba a sus órdenes operativas y que contaba entre sus hombres destacados con la presencia del Capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino (único caído en la operación) y el Teniente de Navío Buzo Táctico Diego Fernando García Quiroga el 2 de abril desembarcó en las Islas Malvinas y logró la rendición del gobernador británico Rex Hunt.
 
Luego de la guerra, el 20 de septiembre de 1982, fue designado Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, cargo que ejrció hasta el 15 de diciembre de 1983, cuando pasó a situación de retiro efectivo.
 
Desde 2009 se encontraba en prisión domiciliaria a la espera de un juicio por su presunta participación en delitos de lesa humanidad cometidos durante su permanencia en Bahía Blanca.
 
Falleció a los 84 años de edad, el sábado 29/09/2012 a causa de un infarto en su domicilio de la Ciudad de Buenos Aires, donde cumplía arresto domiciliario a causa de su edad y su grave situación de salud.
 
La Guerra de las Malvinas fue un conflicto armado entre la República Argentina y el Reino Unido,  en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. 
 
La guerra se desarrolló entre el 02/04/1982, día del desembarco argentino en las islas, y el 14/06/1982, fecha de la rendición argentina, lo que conllevó la reconquista de los 3 archipiélagos por el Reino Unido ya que la causa del conflicto fue la lucha por la soberanía sobre los archipiélagos australes.
 
La Argentina considera que se encuentran ocupados por una potencia invasora y los consideran como parte de su provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. 
 
De acuerdo a información reciente, durante el conflicto la sospecha de Chile fue que las fuerzas argentinas, tras una invasión de las Malvinas, invadir militarmente también las islas Picton, Lennox y Nueva y otras hasta atacar al cabo de Hornos, que formaban parte de discusiones territoriales entre la Argentina y Chile, que casi alcanzan un enfrentamiento bélico en 1978. Esto explica porqué Chile tuvo una preferencia por el Reino Unido durante el conflicto.
 
Los muertos en el choque fueron 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.
 
La derrota en el conflicto precipitó en la Argentina la caída de la Junta Militar que gobernaba el país; y en el Reino Unido, la reelección del gobierno conservador de Margaret Thatcher en 1983.
 
La Argentina alcanzó un tratado de paz con Chile en 1984.
 
Protagonista
 
Carlos Büsser no sólo es recordado en Argentina por haber comandado la toma de Malvinas /Falklands el 2 de abril de 1982. La Operación Rosario (nombre de la operación de desembarco; la operación anfibia se denominó Operación Azul) consistía en una serie de acciones de intensidad creciente que apuntaban a la toma del archipiélago mediante un asalto directo, pero sin causar bajas al enemigo para evitar una futura reacción militar británica. Büsser estuvo a cargo de la Operación Azul.
 
Hoy día él se encuentra procesado por crímenes de lesa humanidad cometidos durante el gobierno militar 1976-1983. De 82 años de edad, el año pasado, de hecho, perdió el beneficio de excarcelación y está bajo prisión domiciliaria preventiva, acusado de arresto, tortura y desaparición de al menos 3 personas en Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires. También es señalado de haber torturado a un ex funcionario de inteligencia para que supuestamente confesase que en realidad era un espía chileno.
 
 
"(...) Por primera vez en muchos años este militar aceptó contar, mediante un cuestionario escrito para BBC Mundo, su experiencia personal como oficial a cargo del asalto a las islas, que desencadenó una guerra de varias semanas con el Reino Unido.
 
"En las operaciones anfibias, el día comienza en las últimas horas de la noche, cuando los hombres se preparan para entrar en combate, desayunan, toman su armamento y se dirigen a los lugares de embarco", señaló el contraalmirante, refiriéndose al 1 de abril de 1982, a pocas horas de producirse el asalto contra la capital del archipiélago Port Stanley / Puerto Argentino.
 
Los infantes de marina a su cargo -y otros efectivos del ejército y la armada- habían llegado a la costa de las islas en dos buques de desembarco: el Cabo San Antonio y el Santísima Trinidad. Además participaron el rompehielos Almirante Irizar y el submarino Sante Fe. 
 
En total, había decenas de vehículos armados y cientos de efectivos, incluyendo unos 80 miembros de las fuerzas especiales. 
 
"Durante la travesía hacia las islas nos acompañó un fuerte temporal, casi hasta el momento de llegar", recuerda Büsser.
 
"La masa de tropas en el buque de desembarco de tanques del ARA Cabo San Antonio tenía experiencia en ejercicios anfibios anteriores, de modo que su adaptación a las malas condiciones del mar fue buena (...) En las horas previas a la operación todos se veían muy tranquilos, concentrados en preparar el armamento y los jefes de fracciones enfocados en sus planes y estudio de los objetivos", señaló.
 
Tras haber preparado la maniobra numerosas veces con anterioridad, ya se sabía que una vez que se diese la orden de embarco el personal sólo tardaría 18 minutos en estar listos para desembarcar. Y así fue en la mañana del 2 de abril. (...)
 
La punta de lanza de la operación fueron ocho buzos tácticos que salieron aproximadamente a las 0400 del 2 de abril del submarino Santa Fe, comandado por el capitán Horacio Bicaín. 
 
"Ellos tenían que marcar la playa para el desembarco de las tropas y vehículos", le dice Bicaín a BBC Mundo.
 
"Nosotros habíamos llegado a las aguas de las islas el 30 de marzo, porque inicialmente la operación estaba prevista para el 1 de abril. Pero las malas condiciones meteorológicas pospusieron todo 24 horas", recuerda Bicaín.
 
La operación de toma dividía a las fuerzas argentinas en dos. La primera, que consistía de tropas y vehículos armados llegaría por el norte a Port Stanley.
 
"Al llegar a tierra se adoptó un dispositivo de seguridad, ya que el enemigo que esperábamos en la playa no daba señales de presencia. Cuando estábamos por ingresar a Port Stanley recibimos fuego. La vanguardia desembarcó de sus vehículos y rechazó el ataque obligando a los soldados británicos a retirarse", afirma Büsser.
 
Pero simultáneamente hubo un pequeño grupo de fuerzas especiales que trataba de lograr un objetivo crucial: tomar la casa del gobernador y lograr la rendición.
 
"La gran dificultad era que, según nuestra inteligencia, los británicos no se iban a rendir sin haber sufrido o habernos causado bajas, por lo que la única solución era lograr que se rindieran antes de que comenzara o se generalizara el combate", recuerda Büsser.
 
"Por eso ordené que el grupo del capitán (Pedro) Giachino presionara al señor (Rex) Hunt (gobernador de las islas) con el objeto de quebrar su voluntad y lograr una rápida rendición", apunta.
 
"Giachino y sus hombres cumplieron acabadamente esa exigencia. Hicieron fuego nutrido sobre la parte superior de las ventanas de la casa de Hunt, y en particular sobre el despacho donde estaba el mismo Hunt, obligándolo a tirarse debajo del escritorio", explica el contraalmirante argentino.




Carlos Busser

En 1982, con la jerarquía de contraalmirante, estuvo a cargo de la Operación Rosario en la cual el 3° Batallón de Infantería de Marina que se encontraba a sus órdenes operativas y que contaba entre sus hombres destacados con la presencia del Capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino (único caído en la operación) y el Teniente de Navío Buzo Táctico Diego Fernando García Quiroga el 2 de abril desembarcó en las Islas Malvinas y logró la rendición del gobernador británico Rex Hunt.

ALMIRANTE Carlos Alberto César Büsser

Carlos Alberto César Büsser (nacido en Rosario, Provincia de Santa Fe, el 10 de enero de 1928 - fallecido en Buenos Aires el 29 de septiembre de 2012)
Carrera
De muy joven se incorporó a la Armada Argentina en la Escuela Naval Militar, integrándose a la Infantería de Marina, en 1947, egresando en 1951.
Büsser fue secretario personal del Almirante Emilio Massera. 
En 1976 fue Subsecretario Operativo de la Secretaría de Información Pública en el gobierno de facto del Teniente General Jorge Rafael Videla.
Comandó en 1977 la Fuerza de Tareas 2 que actuó en la zona de Bahía Blanca en el marco del terrorismo de Estado.
Guerra de Malvinas
En 1982, con la jerarquía de contraalmirante, estuvo a cargo de la Operación Rosario en la cual el 3° Batallón de Infantería de Marina que se encontraba a sus órdenes operativas y que contaba entre sus hombres destacados con la presencia del Capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino (único caído en la operación) y el Teniente de Navío Buzo Táctico Diego Fernando García Quiroga el 2 de abril desembarcó en las Islas Malvinas y logró la rendición del gobernador británico Rex Hunt.
Jefe del Estado Mayor Conjunto
Luego de la guerra, el 20 de septiembre de 1982, fue designado Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, cargo que ejerció hasta el 15 de diciembre de 1983, cuando pasó a situación de retiro efectivo.


  
LIBERTAD AL ALMIRANTE BUSSER

 Parece que el odio no tiene fin. El diario Clarín titula "arrrestan al marino que comandó la invasión a Malvinas", ¿qué invasión Clarín? Carlos Busser, de 81 años de edad fue detenido por la Policía Aeroportuaria en su domicilio de Capital Federal, como un delincuente, como un malviviente...

 Temprano el día de hoy al leer Clarín me encuentro con la tremenda noticia de que el Contraalmirante retirado, comandante de la Operacion Rosario de recuperación de nuestras Islas Malvinas en 1982, fue detenido en la Capital POR LA POLICÍA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA, así COMO UN DELINCUENTE COMÚN, de esos que tenemos las calles llenas.

Esto es en el marco de una causa por delitos por DDHH.
Como no podía ser de otra manera, Clarín titula "ARRESTAN AL MARINO QUE COMANDO LA INVASION A MALVINAS".

 

 El Contraalmirante tiene 81 años, los que lo conocemos sabemos de su hombria de bien, no podemos hacer menos que hacerle sentir que estamos con él, y que este gobierno no parará hasta meter preso hasta el último de nuestros HÉROES que tenga olor a PATRIA. 

¿Quién sigue? Muchos héroes de Malvinas baja o retiro obligatorio, otros presos? vamos a permitir que vengan por Robacio? y otros que tienen en la mira? Quedo a la espera de novedades y a disposición de la gente de Infanteria de Marina.
HAGAMOS SENTIR NUESTRO APOYO EN ESTE TAN DIFICIL MOMENTO A ESTE HÉROE.
Carlos A. Montiel

 

(Clarín).- Fue detenido en la Capital por la Policía de Seguridad Aeroportuaria, en el marco de la causa por delitos de lesa humanidad que realiza la justicia federal de Bahía Blanca. En 1977 el ex marino tuvo a su cargo la fuerza de apoyo anfibio de la Infantería de Marina con sede en la base Baterías, a 50 kilómetros de esta ciudad. Al mismo tiempo era responsable de la fuerza de tareas 2, creada para encarar la lucha antisubversiva en la zona de Bahía Blanca y Punta Alta, donde está enclavada la base naval de Puerto Belgrano, sede operativa de la Armada.  
La detención de Busser había sido solicitada en agosto pasado por la Unidad de Asistencia a las causas por violaciones a los derechos humanos de Bahía Blanca que encabeza el fiscal subrogante Abel Córdoba y fue aceptada por el juez federal ad hoc Eduardo Tentoni el 8 de octubre pasado.

2 de Abril de 1982 
Bajo una luna espléndida y una visibilidad poco común en la zona, a las 23 hs. del 1º de Abril de 1982 el primer contingente argentino dispuesto a recuperar las Islas Malvinas, nuestras Malvinas –jamás debemos olvidarlo-, estaba tocando playa.

Todo estaba bajo un estricto control entre los hombres que conformaban la Agrupación Comandos Anfibios, los buzos tácticos, el destructor “Santísima Trinidad”, el buque de desembarco de tanques “Cabo San Antonio” y el submarino “Santa Fe”. Las principales consignas eran “respetar al enemigo, asegurar y no destruir bienes”.

Una vez en playa, los alrededor de 100 infantes de marina y buzos tácticos se dividieron en dos patrullas, una al mando del comandante de la agrupación, el Capitán de Corbeta Sánchez Sabarots y la otra bajó la órbita del oficial del mismo grado, Pedro Giachino.

Por si a los marinos les hacía falta recordar algo, el Teniente Schwitzer lo hizo: “Ya saben, ni un lastimado”.

Media hora había corrido del sábado 2, cuando el comandante dio la orden de llevar a cabo la acción, con lo que la gesta estaba en marcha, y sin posibilidad de retorno.

A marcha lenta, el objetivo era el cuartel de los Royal Marines, a casi 10 kilómetros de la costa. Cinco horas después, algo cansados por la caminata, unos 40 hombres se apostaron frente al cuartel, que daba aspecto de abandono, y se comenzó con la tarea prevista: colocación de explosivos, de armas pesadas y lanzamiento de bombas de gases, en medio de un muy estudiado plan de cercar la base.

El comandante de las fuerzas de desembarco, Carlos Busser, seguía con la idea fija de finalizar la acción de manera incruenta y por ello, con megáfonos, en un bastante fluido inglés se buscó la rendición de los defensores del cuartel. No hubo respuestas. Es que había sido abandonado.

Una vez en el pueblo a las 7hs, las tropas argentinas revisaron casa por casa y los isleños –marines y civiles- comenzaron a salir portando banderas de parlamento. Parecía que todo iba a terminar como estaba planeado, porque los marines entregaban sus armas y se entregaban prisioneros,

Pero el panorama cambió en la casa del gobernador. Allí si hubo detonaciones, esporádicas, mientras el Capitán Giacchino y sus hombres avanzaban con la mira de tomar la residencia. Los intentos de hacer todo en forma pacífica fueron cayendo y el valiente Capitán Giacchino pidió apoyo a las tropas para llegar hasta la puerta misma de la casa, desde donde se repelió el fuego que se les había lanzado de manera intimidatorio. Ellos no, ellos buscaron los blancos. Y en una de las dependencias de la vivienda los hallaron: cayó el Capitán Giachino, cayeron también el Teniente de Fragata García Quiroga y el Cabo Segundo enfermero Ernesto Urbina –quien quiso socorrerlos cuando fueron heridos sus dos superiores-.

Durante tres horas se registraron luego intercambios de disparos, pero los efectivos argentinos cumplieron a rajatabla con la orden, y no hubo ni un habitante de las Malvinas herido.

Ya había un sol espléndido en la zona. La Argentina, que por una vez había dejado de lado las palabras, comenzaba a acabar con la usurpación inglesa. Lo que vino después es historia conocida, pero así transcurrió el histórico 2 de abril de 1982.

 “Soy el comandante de la fuerza de desembarco, integrada por los efectivos de la Infantería de Marina y del Ejército Argentino embarcados en este buque, de algunas fracciones a bordo del destructor Santísima Trinidad, del rompehielos Almirante Irizar y de los buzos tácticos embarcados en el submarino Santa Fe. Nuestra misión es la de desembarcar en las Islas Malvinas y desalojar a las fuerzas militares y a las autoridades y a las autoridades británicas que se encuentran en ellas. Esto es lo que vamos a hacer. El destino ha querido que seamos nosotros los encargados de reparar estos casi 150 años de usurpación.

En esas islas vamos a encontrar una población con la que debemos tener un trato especial. Son habitantes del territorio argentino y, por lo tanto, deben ser tratados como lo son todos los que viven en la Argentina. Ustedes deberán respetar estrictamente la propiedad y la integridad de las personas, no entrarán a ninguna residencia privada si no es necesariamente por razones de combate. Respetarán a las mujeres, a los niños, a los ancianos y a los hombres. Serán duros con el enemigo pero corteses, respetuosos y amables con la población de nuestro territorio, a la que debemos proteger. Si alguien incurre en violación, robo o pillaje, le aplicaré en forma inmediata la pena máxima. Y ahora con la autorización del Señor Comandante del Grupo de Transporte, quiero expresar que lo que haga la fuerza de desembarco será el resultado de la brillante tarea que los integrantes de este grupo ha realizado. Gracias por traernos hasta acá y gracias por ponernos mañana en la playa. No dudo que el coraje, el honor y la capacitación de todos ustedes nos darán la victoria. Durante mucho tiempo hemos venido adiestrando nuestros músculos y preparando nuestras mentes y nuestros corazones para el momento supremo de enfrentar al enemigo. Ese momento ha llegado. Mañana mostraremos al mundo una fuerza argentina valerosa en la guerra y generosa en la victoria. Que Dios los proteja. Ahora digan conmigo: ¡Viva la Patria!.”