martes, 23 de junio de 2015

Bienvenido el verano!

Llega el solsticio: bienvenido, verano (boreal); bienvenido, invierno (austral)

El solsticio del domingo marca la llegada del verano astronómico en el hemisferio norte y del invierno en el hemisferio sur



El pasado domingo fue el día más largo, es decir, en el que más horas el Sol está por encima del horizonte en el hemisferio norte, y el más corto, en el hemisferio sur. En el Norte asistimos al solsticio de verano. En el Sur, al solsticio de invierno.

El día, realmente, mide 24 horas siempre (salvo cuando, como pasará el próximo 30 de junio, se introduce un segundo de más para corregir la lenta pero inexorable ralentización de la rotación de nuestro planeta). Pero como llamamos también "día" (y su antónimo, "noche") a la parte del día en que el Sol luce, es cierto que a lo largo del año vamos viendo días más cortos y más largos. El cambio es suave, en el mejor de los casos unos cuatro minutos de diferencia entre un día y el siguiente, algo se sucede más cuando días y noches son parecidos en duración, al comienzo de la primavera y del otoño. 




Y aunque a lo largo de estas semanas apenas hemos notado que el día se fuera alargando más, porque de hecho el Sol se iba parando también en su camino hacia el norte, ha llegado a su culmen. Exactamente lo hace a las 18:38 en hora civil peninsular española, las 11:38 en Ciudad de México. Lo contrario, el acortamiento de los días, se ha vivido en el Sur. El invierno ha llegado a las 11:38 en Lima y las 13:38 en Buenos Aires.


¿No era el 21 de junio o el 22 o...?


El mundo no es tan sencillo como algunos creen, pero no deja de tener su regularidad. Una órbita terrestre, la duración de la revolución anual, es equivalente a algo menos de 365 y un cuarto de rotaciones terrestres (o sea, de días). Por eso en el calendario gregoriano se corrige ese cuarto de día introduciendo cada cuatro años un día extra: el 29 de febrero de los años bisiestos, precisamente. Bueno, la corrección gregoriana además elimina 3 días bisiestos cada 4 siglos, para arreglar eso que decíamos de "un poco menos de un cuarto".

La cosa es que año a año va cambiando el momento preciso en que el Sol pasa por el punto más septentrional en el hemisferio norte, que corresponde a una distancia angular del Ecuador igual a la inclinación de los dos planos, el ecuatorial y el eclíptico, un ángulo que es 23,5 grados y que llamamos (los astrónomos somos gente muy de dar nombres precisos, pero no más que los médicos o los abogados y a ellos no les echáis la bronca tanto...) oblicuidad de la eclíptica. La duración de cada estación, la velocidad orbital de nuestro planeta, todos los parámetros físicos, no cambian. Pero nuestro calendario si. Por eso, si el año pasado el solsticio de verano se produjo el día 21 de junio a las 12:51 en España, este lo hace a las 18:38, y el que viene a las 00:34. En 2017 será también el día 20, pero cinco horas y pico antes. En Ciudad de México y en Lima, que comparten huso horario, el verano y el invierno, respectivamente, entraron a la misma hora: a las 05:51 el año pasado, este a las 11:38, y el que viene a las 17:34. En Buenos Aires, el invierno entró a las 07:51 el año pasado, las 13:38 este, y el que viene lo hará a las 19:34.

De esta manera, cada año la hora e incluso el día de entrada de las estaciones cambia. El verano (el invierno en el hemisferio sur) puede oscilar entre el 20 y el 23 de junio. En cualquier caso, mucha gente, con eso de que la fiesta de comienzo del verano más popular es la de San Juan, con sus hogueras, que se celebra el 24, se cree que realmente el día más largo aún no ha llegado. Pues no: las hogueras serán dentro de unos pocos días, pero hoy sí es el día más largo para los que estamos en el hemisferio norte.



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