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martes, 22 de julio de 2014

Santos, Putin, Samper: trío de oro

La entrega de Colombia al comunismo


Quisiéramos que las barbaridades con que Santos festeja su reelección se debieran a su espíritu de fanfarrón, fachendoso o jactancioso con que el mundo lo distingue. Porque si no fuera más que por eso, cabría alguna esperanza de rectificación. Pero no. Santos es lo que se dijo arriba, pero también es de mala fe. Y dispone del país como de su hacienda, acostumbrado a que con mermelada todo lo endulza.

Su entrevista con Putin, que coincide con las sanciones unilaterales que a ese antiguo servidor de la KGB le impuso el Presidente de los Estados Unidos, es el acto más torpe que en Colombia se haya cometido en materia de relaciones internacionales. Pero está, además, lleno de malas intenciones.

A Cuba no se la escogió por azar como sede de las conversaciones con las Farc. Santos decidió poner ese juego bajo el patrocinio de los Castro, con la necesaria cooperación de Chávez, para entregarle este país a la narcoguerrilla y a quienes la manejan y disfrutan.

Ahora el ajedrez se complica y Santos nos pone a jugar como peón decisivo. Porque Putin, enfrentado al mundo libre como está, necesita revivir lo peor de la guerra fría, y la América del Foro de Sao Paulo es el punto crucial de sus designios.



La visita del jefe de todas las Rusias a Cuba no deja duda de sus propósitos. Le condona a los Castro más de treinta mil millones de dólares de vieja deuda, y les promete cooperación en temas tecnológicos, aéreos, petroleros y agrícolas. Ya se tragó la isla. Lo que significa poner a Venezuela en el puño, como que esa nación hermana está dominada por las legiones castristas que la tienen invadida. Y como Nicaragua es suya y de China, gracias a la Corte Internacional de Justicia y al Canal que construirán para poner en jaque a los Estados Unidos, solo faltaba Colombia para adueñarse del Caribe.

Es imposible que Juanpa no sepa lo que dejamos dicho. Es demasiado obvio como para que le pase desapercibido. El “espaldarazo” de Putin a la paz de Santos es nada menos que el protocolo de la entrega de Colombia al castrochavismo, y su inclusión irreparable en la nueva órbita imperial Rusa. Las Farc con zonas de reserva campesina debidamente ubicadas, preferentemente en las fronteras, bases navales en el vecindario con apoyo aéreo incluido, idiotas útiles desplegados en plan de batalla —los Jaramillo, de la Calle y asociados— completan el cuadro. Nos iban a negociar y nos negociaron.

Es bueno saber con quién estamos. Putin y China vienen apoyando el régimen sirio de Bashar al Asad, desde hace rato, y ganaron la guerra ante la conocida impotencia de Obama. Vienen sirviendo de útiles alcahuetas al armamentismo nuclear de Irán, hacen sus apuestas sobre Afganistán y por debajo de la mesa ponen en jaque a Nigeria. ¡Como en las peores épocas de Brezhnev! A Europa la tienen contra la pared por el tema energético y los partidos comunistas han vuelto a la carga. Quedaba América Latina y ya está: Castro, Ortega, Maduro, la Roussef, la Fernández de Kirchner, la Bachelet, Rafael Correa y ahora Santos. Eso se llama hacer moñona.

No es poco para completar el cuadro, la guerra en Ucrania. El misil disparado contra un avión comercial, tiene el peor tono de crueldad y desafío. En la seguridad de que los Estados Unidos no hará nada, Europa no es capaz de hacer nada, los países asiáticos están neutralizados por China y ahora se suma al coro todo el caribe y Sudamérica. Con esos estamos. Y si quieren la prueba, amigos lectores, pregunten por la protesta de Santos y la Canciller por el crimen de Putin contra el avión de Malaysia Airlines. Busquen bien, para que no les quede duda.

Pero a Santos no le pareció suficiente respaldar a Putin contra Occidente. Así que resolvió jugar más duro proponiendo a Ernesto Samper como Secretario de Unasur. Vaya tacto y vaya gentileza con los Estados Unidos hacerle esa distinción a un sujeto vetado para entrar a ese país y nada menos que por sus vínculos con el narcotráfico. Y vaya respeto con los colombianos el que nos demuestra el Presidente. El socio de los Rodríguez Orejuela, el que se hizo al poder con el dinero de la cocaína es lo que tenemos para mostrar en el continente.

Por supuesto que los vecinos del sur aplauden la jugada. Es una manera de escupir en la cara a los Estados Unidos con saliva ajena. Y es la manera de ofendernos y postrarnos, para que seamos aún más dúctiles aceptando a Putin y a los Castro como nuestros nuevos jefes. Esperemos que en el Congreso alguna voz se levante para condenar estas atrocidades contra el honor de Colombia.



Por: Fernando Londoño Hoyos |




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