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lunes, 13 de agosto de 2012

Los estudiantes acorralan a Piñera


Lejos de la popularidad de la que gozaba cuando asistió al histórico rescate de los mineros de Atacama, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, no logra eludir el acecho de los estudiantes que amenazan con nuevas protestas pese a las medidas para dotar de mayores recursos a la educación. Los jóvenes movilizados están contribuyendo mucho más que la oposición política a erosionar la confianza en el mandatario.
En 2010, cuando recibió a cada uno de los mineros que salían de la cápsula de ascenso, Piñera gozaba del respaldo del 63% de los encuestados. Por contra, en julio de este año, solo tenía el 36% de los apoyos en la misma encuesta de la consultora Adimark. Y lo peor es que esta última marca muestra «una recuperación». Cuatro meses antes había alcanzado el índice más bajo de su gestión, cuando solo tenía la aprobación del 26% y una enorme masa rechazaba su gestión.
En paralelo a su declive, crece la figura de la expresidenta socialista Michelle Bachelet, que terminó su mandato con el 84% de popularidad. La antecesora de Sebastián Piñera actualmente vive en Nueva York, donde es directora de la agencia de Naciones Unidas para la igualdad de género, pero si vuelve para las elecciones de 2013 tiene todas las de ganar. Ella por ahora no se pronuncia.
Si bien la economía sufre embates por la crisis internacional, el origen de los dolores de cabeza de Piñera está en casa, en el inquieto colectivo de estudiantes que exige la gratuidad de la enseñanza universitaria y el fin de la educación con fines de lucro.
En 2011 fueron los universitarios, encabezados por Camila Vallejo. Ahora se suma Eloísa González, que con 17 años preside la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios. El pasado miércoles, la Asamblea convocó una marcha callejera que derivó en violentos choques con la Policía y tres autobuses fueron incendiados en las calles de Santiago de Chile.
Con golpes, empujones, cañones de agua y gases lacrimógenos, los Carabineros (la fuerza policial chilena) reprimieron la protesta. Hubo decenas de detenidos y un niño de 14 años fue acusado de quemar los buses. «¿Hasta cuándo los vamos a soportar?», disparó el portavoz del Gobierno, Andrés Chadwick. «Nadie está por encima de la ley. Los dirigentes estudiantiles saben los efectos que se van a producir, saben que están abriendo las puertas al vandalismo y la delincuencia. No pueden eximirse de la responsabilidad que tienen en estas convocatorias ilegales», advirtió.
Pero González, líder de la protesta, dijo que los incidentes fueron «un montaje» del Ejecutivo para responsabilizarlos por la violencia y anticipó que habrá nuevas marchas si no se escuchan sus reclamos. El viernes fueron ocupados diversos colegios secundarios de la capital al tiempo que el Gabinete de Piñera lograba la aprobación en la Cámara de Diputados de un proyecto de reforma tributaria ideada para responder a las demandas estudiantiles.
Injusto y mentiroso
En verdad, la iniciativa es rechazada por ellos. Vallejo sostuvo que más que una reforma tributaria, el proyecto que transfiere 1.200 millones de dólares (976 millones de euros) a educación «es un reajuste injusto y mentiroso», y cuestionó a los diputados del centroizquierda que lo apoyaron. «Es vergonzoso» que lo hayan respaldado, dijo.
Y es que el descontento de los estudiantes no es solo con el Ejecutivo centroderechista. En vísperas de la marcha del miércoles, los secundarios ocuparon las oficinas de la Unión Democrática Independiente, partido que integra la alianza de Gobierno, pero González aclaró que «pudo haber sido la sede del partido socialista o incluso de los comunistas porque todos son responsables de la crisis de la educación actual».
Vallejo advirtió de que «Chile necesita cambiar la Constitución para que los movimientos sociales tengan voz en materia legislativa». «La Concertación (el conglomerado de partidos de izquierda que llevó las riendas del país desde la recuperación de la democracia hasta el ascenso de Piñera) está muerta, y eso lo sabemos de hace rato», sentenció.
En este punto, ni la popular expresidenta podría ser capaz de lidiar con el malestar que se propaga entre los jóvenes. Gabriel Boris, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, subrayó que «Bachelet representa hoy un tapón de contención a la construcción de una alternativa de izquierda». Es decir, un estorbo a sus ambiciones de llevar a su país más allá del limitado sueño socialista.

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